El misterioso sueño del caballero
'El sueño del caballero' (1650), atribuido a Antonio de Pereda | Crédito: Wikipedia Noticia por noticias.yahoo.com
Segismundo, el protagonista de la obra de teatro más célebre de Calderón de la Barca, recitaba al final del primer acto unos famosos versos que terminaban diciendo: “… que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. El dramaturgo madrileño estrenó La vida es sueño en 1635, quince años antes de que un artista barroco, también español, pintara el lienzo que hoy nos ocupa.
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Y viendo la escena representada, no sería de extrañar que Antonio de Pereda y Salgado –a quien se le atribuye la autoría de este singular cuadro– hubiera pintado esta obra en cuestión, titulada El sueño del caballero (1650), teniendo en mente la obra y los versos de Calderón.
El lienzo, de gran formato (mide 152 por 217 centímetros), forma parte de la colección del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y en él observamos una curiosa escena. En la izquierda de la composición vemos a un caballero ricamente ataviado que duerme un sueño profundo, junto a una mesa repleta de objetos de lo más variado, mientras que en el centro aparece un ángel de rasgos delicados sosteniendo una banda con un lema en latín.
Aunque a primera vista la imagen pueda parecer un complejo acertijo sin sentido, para un hipotético espectador del siglo XVII –con cierta cultura–, el mensaje de la pintura habría estado claro como el agua. La obra pertenece al género de la vanitas, que como ya hemos visto en otras ocasiones estuvo de moda en buena parte de Europa durante el Barroco.
La pintura no hace otra cosa que advertir al espectador –en este caso por medio del sueño que tiene el caballero protagonista de la obra–, de la inevitabilidad de la muerte y lo vano de los placeres y las obsesiones terrenales.
Un mensaje que aparece claro una vez vamos “descifrando” uno a uno los mensajes “escondidos” en la pintura. Por un lado, la tela que sostiene el ángel dice, más o menos literalmente: “Hiere para siempre, vuela veloz y mata”. La frase aparece acompañando el dibujo de un arco y unas flechas, y hace referencia al paso del tiempo y la certeza de la muerte.
Sobre la mesa, la desordenada acumulación de objetos tiene también un significado concreto. Vemos, por ejemplo, un puñado de monedas, un joyero repleto de collares, colgantes y piedras preciosas y un mazo de cartas. Todos estos objetos hacen alusión a los bienes materiales, vanos e inútiles ante la amenaza de la Parca.
También observamos la presencia de varias armas y partes de una armadura, un cetro y una mitra papal, así como un globo terráqueo: son símbolos del poder religioso y monárquico, indicando también su nulo valor una vez llegada la hora de la muerte.
El mensaje se repite también en el último grupo de objetos: libros, partituras musicales y una máscara, que hacen alusión a la cultura y a la búsqueda de conocimiento. Entre todos ellos, varias calaveras y una vela cuya llama parece haber sido apagada recientemente refuerzan el mensaje de la caducidad y la fragilidad de la vida.
En definitiva, la pintura atribuida a Pereda advertía al espectador de lo vano de aferrarse a los placeres y obsesiones terrenales –pues la muerte alcanza por igual a pobres y ricos, a cultos e iletrados–, e incitaba a conducir la existencia siguiendo las virtudes cristianas, lo único importante para el alma.
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No fue esta la única ocasión en la que el pintor vallisoletano abordó este tema de la vanitas. Sabemos que al menos representó una composición similar en otra ocasión, pues se conserva otra pintura suya, una Alegoría de la Vanidad, expuesta en la actualidad en el Museo de Arte e Historia de Viena.
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