9 de agosto de 2017

EL QUIJOTE, SEÑOR DE CERVANTES Y SU IMPLOSIÓN EN ESTOS TIEMPOS.

 Un loco necesario en nuestros días.
No hay texto alternativo automático disponible.El Quijote de alma diamantina, orgullosa y dionisiaca, ese loco de largas escaleras, más largas que ninguna de las nuestras, sigue siendo necesario, ahora como siempre.

El, con su épica personal en busca de la luz del ideal, con su evangelio redentor de causas perdidas, es el símbolo de nuestra identidad. Nada más contrario a la globalización que la figura de este caballero estrafalario y esperpéntico que cree en el amor platónico de una Dulcinea etérea y única, que se lanza a los caminos en defensa de una justicia tan irreal com el mismo, y que nadie quiere para si, sino procurar satisfacer los deseos de los otros. Y con él, Sancho, ese Sancho que tanto tiene de nuestra manera de ser y que apenas se diferencia de su señor al final de sus andanzas juntos, ya que en ese espacio de tiempo le prendió la locura de don Quijote. Ese Sancho al que León Felipe le bautiza como hijo del sol, súbdito y tributario de la luz, que ya usa el mismo lenguaje metafórico de los poetas enloquecidos y puede levantar las cosas de lo doméstico a lo épico, de la sordidez a la luminosidad. Sancho como elemento de la realidad que da fe de la verdad de la fantasía y se deja ganar por ella hasta abdicar de su propia condición. Sancho de la esperanza y de la duda, del ojo en la estrella de la mañana y a la vez en las alforjas del rocín, un Sancho en verdad muy próximo a nuestra vivencia personal.
Este don Quijote místico, revolucionario, paladin de la luz y de la justicia, saldría hoy a los caminos (nuestras carreteras) como distraído conductor de un asmático automóvil nacional de los años dos mil y arremetería contra los que custodian a los inmigrantes recién llegados en las pateras, contra el terrorismo gratuito, el paro, los especuladores políticos y financieros y las prostitutas de la prensa del corazón. Segúramente soñaría en una Dulcinea que en realidad recogería tomates en El Egido y entraría, lanza en ristre en alguna que otra Cámara Parlamentaria o Pleno Municipal o Autonómico para hacer correr a unos cuantos malandrines que torpedean la convivencia en paz de todos los españoles. Lo he encontrado a este don Quijote más vivo que nunca y a la vez más necesario que nunca para que recordarnos en su figura unos cuantos valores que tan soterrados están en la sociedad actual.

por: Luis M. Moll
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