15 de octubre de 2017

CRÍTICA DE TEATRO MUSICAL «La familia Addams»: risas terroríficas

 «La familia Addams»: risas terroríficas.
Carmen Conesa y Xavi Mira, en una escena del musical
Carmen Conesa y Xavi Mira, en una escena del musical - ABC
Estreno en España del musical sobre los personajes de la celebre serie de televisión de los años sesenta.Esa disparatadamente monstruosa familia que son los Addams nacieron en los dibujos de su creador, Charles Addams, saltaron a la televisión y al cine, y era esperable que Broadway quisiera acogerlos. Nueva York acogió en 2010 un musical que acaba de llegar a España, donde el clan tiene también muchos seguidores, y donde los esfuerzos para ofrecer los espectáculos del género (cuando no son franquicias) con el mayor nivel posible son cada vez más evidentes.

«La familia Addams» 

(***)Música: Andrew Lippa. Libro: M. Brickman y R. Elice. Versión española:E. Ferrer y S. Montesinos. Director musical:Pedro Arriero. Escenografía y vestuario:Felype de Lima. Iluminación:Juanjo Llorens. Protagonistas:Carmen Conesa, Xavi Mira, Lydia Fairén, Andrés Navarro, Julia Möller, Meritxell Duro. Dirección:Esteve Ferrer. Teatro Calderón, Madrid.

«La familia Addams» es un magnífico espectáculo, por producción y medios pero, sobre todo, por la dirección de Esteve Ferrer y la interpretación de los protagonistas. Ferrer es un hombre que nada en la comedia como pez en el agua. Está llena de detalles, de gags que salpimentan la comicidad de la obra -espléndida en el primer acto, disuelta como un azucarillo en el soso segundo- y sabe colorear las situaciones y las reacciones de los personajes con maestría. De los intérpretes -la nota media es un notable- destacan Lydia Fairén, una Miércoles de voz exquisita y malhumorada actitud adolescente; Meritxell Duro, hilarante abuela, y Xavi Mira, el pilar fundamental sobre el que descansa la función.

El propio Esteve Ferrer habla de una comedia musical, y es por esta segunda pata por la que cojea la obra. La música de Andrew Lippa (uno de los compositores de culto en Broadway) no está a la altura del libro, y sus canciones (en la estela, pero solo en la estela, de Sondheim) ralentizan o frenan con demasiada frecuencia el ritmo de la función.


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