28 de septiembre de 2017

II RUTA CERVANTINOQUIJOTESCA A SU PASO POR OCAÑA, (Toledo)

Lentas, históricas, las aguas del Tajo abandonan Madrid para introducirse en las tierras suculentas de Castilla-La Mancha. Tierra plana donde la haya, lugar que el sol pasa a ser parte de la tierra y la noche comparte toda su fantasía.
Tomando distinto camino a los meandros del Tajo, y ya saliendo de Aranjuez camino de la villa que lleva por mote “la puerta de Andalucía”, Cervantes se tuvo que topar con el Mar de Ontígola. Felipe II decidió aprovechar las aguas del riachuelo de Ontígola para crear un espacio que sirviera de abastecer agua a Aranjuez así como “para que vengan a ellas aves para la altanería”. En 1572 y bajo la mirada de Juan de Herrera, se termina de construir la presa que todavía está en uso. En ella encuentra actualmente refugio especies acuáticas como el porrón común, al aguilucho lagunero, fochas, carriceros, el ánade real y la garza real, aparte de zorros, perdices, jabalí y liebres y conejos. No se habla en sitio alguno que ni Don Miguel de Cervantes ni Don Quijote, estuviesen en Ocaña, pero dado la importancia que tuvo este lugar como encrucijada de caminos desde los tiempos donde Roma imponía su Ley, es de pensar y del buen saber, que nuestro Miguel estuvo, aunque fuera de paso, por las calles de esta Villa. Don Lope de Vega, enemigo de Cervantes, creo una obra que habla de esta Villa: “Pereibañaez o el Comendador de Ocaña” donde podemos leer:
Toda esta villa de Ocaña poner quisiera a tus pies, y aun todo aquello que baña Tajo hasta ser portugués, entrando en el mar de España”
La plaza Mayor de Ocaña es  de porte barroco que se empezó a edificar en 1777 por mandato de Carlos III. Su planta es la de un paralelogramo de 55 x 52,5 metros, compuesta por 70 pilares de sillería almohadillada, con piedra de las canteras de Colmenar de Oreja, sobre los que descansan arcos de medio punto de ladrillo, formando pórticos o galerías, que soportan una construcción de dos alturas en las que hay balcones y buhardillas superiores. Su fachada más larga la configuran 18 arcos y la más corta 17. La superficie de la plaza está pavimentada en cantos rodados formando grandes casetones. Su grandeza impone y hace evocar aquella célebre expresión: “Dónde está la ciudad de esta plaza”.
Ocaña, Antigua capital de La Mancha Alta; sitio este por donde ha debido pasar todo el mundo. Plazuelas, monasterios e iglesias, nos abren los ojos. De origen romano y posiblemente con antecedentes celtas, algunos aseveran que en su etimología “auca” incluye la idea de “aldea” o “cortijo”, más el sufijo latino de relación o pertenencia “anna”. Es probable, que coincidiese con el “Vicus Cuminarius” “mansio” citada en los itinerarios romanos de los primeros siglos.
Gentes de Ocaña en el siglo XVI
En su alargada historia, se cuenta que el Emir de Sevilla Ebn Abed (Abu-I-Qasim Muhammad ibn Abbad) cuando casó a su hija Zaida con el rey castellano Alfonso VI, dio esta ciudad como dote para la boda. Fue sede de Cortes en los reinados de Juan II y Enrique IV. Fue sede maestral de la Orden de Santiago. También sirvió como refugio a Isabel la Católica al ser exiliada de la corte de su hermanastro Enrique IV.
Palacio de lo Cárdenas, igualmente conocidos como los duques de Frías es un edificio de la ciudad española de Ocaña, en la provincia de Toledo. El inmueble, que cuenta con el estatus de Bien de Interés Cultural, fue edificado en el siglo XVI y su estilo evidencia componentes de transición del Gótico al Renacimiento.
Su plaza Mayor, presume de estar entre las tres más bellas de España, detrás de las plazas de Madrid y Salamanca. Construida en 1777 por orden de Carlos III, y sustituyó a una anterior alabada por Lope de Vega en su obra “Pereibañez o el Comendador de Ocaña” La Fuente Grande mandada construir por Felipe II entre 1573 y 1578 es de estilo renacentista y con traza de Juan de Herrera, Está compuesta por una gran galería de piedra decorada con 22 pilastras de orden toscano y un entablamiento corrido. En 1576 la fuente contaba sólo con dos caños, pero tan rebosantes y cuantiosos que podían suministrar a más de 3.000 vecinos —que era el censo de aquel tiempo—, así como a más de 200 molinos de aceite existentes en la Villa, posteriormente fueron ampliado hasta llegar a los diez caños que rebosaban agua a un pilón de sillería separado en compartimentos que se explotaron como abrevaderos. En sus lavaderos podían lavar hasta 300 mujeres simultáneamente siendo este un auténtico monumento en honor al agua.


Este rollo de justicia, obra del siglo XV de estilo gótico (copia del primitivo), ha tenido diferentes emplazamientos, siendo el primordial de ellos la Plaza Mayor, donde se mantuvo hasta 1565. Desde 1986 ocupa el actual emplazamiento, descansando sobre un pedestal escalonado.


Al adentrarnos más y más por las calles de Ocaña se van contemplando monumentos y palacios como el de Los Cárdenas. Fue edificado en el siglo XVI y su estilo evidencia componentes de transición del Gótico al Renacimiento. Podremos ver la Iglesia Parroquial de Santa María de la Asunción, sus cimientos se remontan a una primitiva mezquita edificada en el siglo XII. En sus entrañas guarda celosa la afamada Custodia de plata de estilo gótico-plateresco, del primer tercio del siglo XVI, bellísima pieza de exquisita orfebrería atribuida a Enrique de Arfe. Otra iglesia, la más querida en Ocaña es la de Iglesia Parroquial de San Juan Bautista de Ocaña, de evocaciones góticas y mudéjares combinadas. Está situada sobre una antigua sinagoga judía testimonio que en esta villa convivieron diversas culturas en armonía. En su interior se pueden ver unas rejerías góticas impresionantes y cuentan que en la capilla de Santa Ana, Isabel la Católica prometió casarse con Don Fernando. El Arqueólogo Basilio Pavón Maldonado dice de ella, que posee sobrados componentes arquitectónicos y decorativos como para asignarla al arte mudéjar toledano de la segunda mitad del siglo XIII, pudiendo enumerarse junto con la Iglesia de San Lucas, Iglesia de Santa Eulalia e Iglesia de San Román de Toledo, entre las más remotas iglesias mudéjares toledanas.
Convento de Santo Domingo
El Convento de Santo Domingo de Guzmán en el municipio de Ocaña (Toledo), es una construcción renacentista de mediados del siglo XVI. El Decreto de Desamortización de Mendizábal, que suprimió todos los conventos de la Península, admitía algunas excepciones, entre las que figuraba el Colegio Misionero para Asia, el de los Dominicos de Ocaña. La sillerías proceden del convento de Almagro, fechado en 1573. Está compuesto por 43 sitiales de nogal decorados con relieves. Felipe II pasó temporadas de su niñez entre los muros de la antigua muralla ocañense y puso la primera piedra de este convento. ¿Y la torre de San Martín?. Misteriosa ella, se alza sobre la Meseta de Ocaña desafiante al tiempo, al espacio y al hombre perecedero. Ella sigue esperando a que Chronos pare el reloj y deje el mundo solo con la escucha de la historia de su corazón. También está situado justo a su la el pórtico o arco de San Martín restos de la antigua Iglesia de San Martín Obispo, cuarta de las parroquias con que la Villa de Ocaña contó hasta inicios del siglo XIX. Cabezas cortadas y hombre fustigados por temible látigos han dejado mella en el rollo de justicia. En las noches oscuridad, se puede escuchar el gemir de los reos atados a sus argollas.
Convento de San José
Es el convento de San José Un viejo lugar de monjas carmelitas descalzas, de estilo renacentista, fue constituido por María de Bazán (cónyuge de Alonso de Ercilla, caballero del Hábito de Santiago) con autorización del Excelentísimo Señor Cardenal Alberto de Austria, Arzobispo de Toledo y con consentimiento del Ayuntamiento, el 3 de noviembre de 1595, bajo el mando de Agustín Ruiz de Ocaña. Bajo su coro, descansan los restos del autor de la Araucana, el poeta épico Don Alonso de Ercilla.
Convento de Santa Clara
Santa Clara lloraría de alegría de saber que le dedicaron tan magno convento en esta ciudad. El más vetusto de los que se establecieron en Ocaña, fundó el año 1515 Catalina Román -viuda de Francisco Muñoz- estableciendo utilizar parte de sus bienes en la creación de dicho convento, para el que entregó también sus residencias y reservando el Patronato para su hijo Alonso, según figura en su testamento en Ocaña a 17 de septiembre de 1515, ante Miguel Sánchez de los Tocados, Secretario del Ayuntamiento. Su situación original fue en un edificio también propiedad de Catalina, cercana a la calle Mayor y sito en la antigua calle de la Pelota (hoy en día, Julián de Huelbes), proveniente del vínculo que erigió María de Guzmán (esposa de Gabriel de Benavente), comúnmente llamado “El Vínculo de Benavente”. De estos edificios se trasladaron en 1626 al vigente emplazamiento que hoy en día habitan con los permisos necesarios y con una renta anual de unos 4.000 ducados.
Convento de Santa Catalina
El convento de Santa Catalina de Siena, de estilo renacentista, es el tercero de religiosas coetáneo en Ocaña, erigido el 8 de junio de 1571 por Catalina de Guzmán y Vargas (viuda del insigne capitán Juan Maldonado, e hija de Manuel de Guzmán e Inés de Vargas), por registro, ante Juan Pérez del Hoyo, haciendo una concesión de cerca de 10.000 ducados junto con sus viviendas que fueron del Vínculo y que erigiera Andrés Carnero (presbítero en 1748).
Teatro Loppe de Vega
Nos queda como poco nombrar al actual Teatro Lope de Vega majestuoso edificio, antiguo Colegio de la Compañía de Jesús. Inicialmente fue Colegio, más tarde Cuartel de Caballería, posteriormente Escuelas Públicas y, finalmente, Teatro. Su creación se remonta al año 1558, siendo su obra sufragada, así como la donación de los terrenos, por Luis de Calatayud y Borjas (beneficio noble y protonotario apostólico afincado en esta Villa).

                         
                Fuente vieja o romana                                                                Fuente Grande
La Fuente vieja, sus orígenes se pierden dentro de la historia romana. Constituye uno de los monumentos más antiguos y representativos de la Villa. De planta rectangular y pavimento empedrado, está delimitado por frente y laterales de muros de mampostería coronados de una albardilla de sillería. Tras el frontispicio hay una puerta que da entrada a la escalera que conduce hasta la mina o galería, que lleva a dos manantiales. En 1501, hay constancia documental de su existencia, en palabras del Chambelán de Felipe el Hermoso, Antonio de Lalaing. Y nos queda recogida por el tiempo de las palabras una vieja cancioncilla popular que nos advierte: Pasé por Yepes y Ocaña Dos villas en donde el vino Hacer perder el camino, Bodegas nobles de España.
La copla la inserta Tirso de Molina en la obra “La huerta de Juan Fernández”. Después de comprobar con moderación, la veracidad de dicho clásico “Ocaña el mejor vino de España”, comenzamos a vislumbrar la tierra donde el “sol de plomo ( como diría el poeta Nicolás del Hierro )… nos alcanzará a todos aquellos que osemos a cruzarla.”
Arco y Torre de San Martín
Sillería convento de Santo Domingo



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